Velázquez: El genio español
“Las Meninas” 1656.
El pintor que se observa en el cuadro es el mismo autor, se encuentra de píe en el extremo izquierdo, concentrado en un lienzo y mirando de forma imponente hacia arriba, mientras que las grandes copias de los cuadros de Rubens, colgados a su espalda, se ven reducidos de forma irónica por las sombras. La cruz roja en su pecho hace referencia hace referencia a su posterior nombramiento como caballero y fue añadida al cuadro dos o tres años después. El detalle del espejo posterior no pasa inadvertido, el reflejo muestra las figuras del rey y la reina o tal vez al cuadro que pinta Velázquez, es una duda que aún persiste. Seguros en su posición, la pareja real puede permitirse permanecer como un simple reflejo detrás de su hija. Incluso como pálidas sombras, pueden dominar, y de seguro que éste es uno de los más sutiles cumplidos que pueden hacerse.
“Mona Lisa” 1503.
Entre 1473 y 1518, Leonardo escribió una serie de ensayos que después se recogieron para formar su “Tratado sobre pintura”. Una parte escrita en 1492, se dedica a la perspectiva lineal, igualmente en el demuestra su técnica para transferir una figura a los lados de una bóveda curva, la cual prefiguro lo que más tarde se denominó “trompe l´oeil” (pinturas que “engañan al ojo”)
Las obras que se han salvado, son las más sorprendentemente poéticas que nunca creadas. “ La Mona Lisa” tiene la inocente desventaja de ser demasiado famosa, sólo puede verse a través de un grueso cristal y entre una multitud de personas. Ha sido reproducida en todos los medios imaginables y desatado intensos debates en cuanto a quién es la mujer retratada, si en el fondo es un autorretrato camuflado del mismo Leonardo, se su ambivalencia de género, de si ríe o no, etc. Pero su magia continúa intacta, siempre desafiando la insistencia humana por comprender. Es una obra que solo puede mirarse en silencio.
Fotógrafo de sueños: Salvador Dalí
“La Persistencia de la Memoria” 1931.
Dalí (1904 – 1989) de gran habilidad gráfica pintó imágenes que llegan incluso a ser profundamente desagradables pero a la vez sorprendentes sobre la irrealidad en la que tan a gusto se sentía. Pintó esa irrealidad con un realismo meticuloso en extremo y esa característica es lo que hace de sus obras objetos inquietantes, las describió como “fotografías de sueños pintadas a mano”, y su fuerza radica precisamente en esa paradójica condición de fotografías que materialmente no existen. “La Persistencia de la Memoria” con sus relojes que se derriten y la cara distorsionada (como un autorretrato) en el centro, desprende un intensidad innegable. La sensación de que el tiempo ha enloquecido posee una fuerza ineludible convirtiendo esta obra en una de las imágenes arquetípicas del siglo XX.
Gustave Klimt
“Avenida del parque Schloss Kammer”
La pintura Gustave Klimt ( 1862-1918) nacido en Austria, es una curiosa y elegante síntesis de simbolismo y Art Nouveau. Los austríacos respondieron de manera entusiasta al artificio decorativo de esta tendencia, y casi puede decirse que Klimt es la encarnación de este artificio. Pintó grandes frisos ornamentales de escenas alegóricas y creó muchos retratos de moda, en los que unificó las formas estilizadas y los colores poco naturales del simbolismo con su propio concepto de la belleza, en el que prevalecía fundamentalmente la armonía.
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